Omar Guillén Soto – Egresado Mano Amiga Zomeyucan

“La educación, los valores y la formación católica que recibí en Mano Amiga le dieron sentido a mi vida. Comprendí que servir a los demás, procurando construir un mundo mejor, es la forma de acercarnos a Dios a través de sus enseñanzas y de su infinito amor. Por siempre gracias a la que fue mi hogar durante nueve años: Mano Amiga Zomeyucan.

Soy orgullosamente egresado del Instituto Mano Amiga Zomeyucan. Concluí la primaria en 1989 y tuve el privilegio de formar parte de la primera generación de secundaria de la cual egresé en 1992.

Cuando pienso en lo que Mano Amiga significó para mí, puedo decir que no fue solamente la escuela donde estudié; fue el lugar que transformó mi vida. Ahí encontré la piedra angular de la persona que soy hoy. La combinación de una formación académica sólida, la enseñanza de los valores cristianos y el acompañamiento de docentes comprometidos me dio las herramientas para construir mi proyecto de vida.

Provengo de una familia de escasos recursos. Desde los ocho años vendía dulces en las calles para ayudar al sustento de mi hogar. Muchas veces llegaba al colegio con los zapatos rotos, el pantalón descosido y el suéter desgastado. Lo único que sentía que podía ofrecer era mi esfuerzo por mantener un promedio de diez. Vivía en un entorno donde era fácil caer en las drogas, abandonar los estudios, convertirse en padre a muy temprana edad o elegir el camino aparentemente más sencillo.

Sin embargo, Mano Amiga fue mi refugio, el lugar donde encontré esperanza. Las enseñanzas de la Biblia, el catecismo, el ECYD y, sobre todo, el ejemplo y el cariño de mis maestros me ayudaron a creer que mi historia no estaba determinada por las circunstancias en las que había nacido. Ahí aprendí a luchar por mis ideales, a soñar con un futuro distinto y a descubrir que, con fe, esfuerzo y valores, era posible transformar mi realidad.
Hoy puedo decir que todo aquello sigue presente en mi vida. Soy docente y director de dos escuelas primarias ubicadas en comunidades muy parecidas en la que crecí. Elegí dedicarme a la educación porque estoy convencido de que cada niño merece descubrir que puede alcanzar sus sueños, sin importar el lugar del que provenga. Durante veinticinco años de servicio he procurado transmitir a mis alumnos y a sus familias el mismo mensaje que un día recibí: que el trabajo, la fe, la unión familiar, los valores y el amor pueden cambiar una vida y, con ello, transformar una comunidad.

Ese compromiso me ha permitido recibir reconocimientos como Mejor Docente en 2008 y 2015, Mejor Director en 2018, el Premio Ser Docente otorgado por el entonces gobernador en 2020, además de representar a México como finalista del Concurso Internacional de Excelencia Educativa 2021, celebrado en Ecuador, donde obtuve un lugar entre los siete mejores proyectos educativos de Iberoamérica. Actualmente continúo promoviendo la educación en valores a través del canal de YouTube “Tacho Cucaracho” y en presentaciones de cuentacuentos que también han sido reconocidas a nivel estatal.

En mi formación académica seguí el camino que aprendí en Mano Amiga. Además de estudiar la Licenciatura en Educación Primaria, cursé una Maestría en Educación para la Paz, convencido de que el ejemplo de vida es la herramienta más poderosa para educar. Creo firmemente que la congruencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos es la mejor forma de inspirar a otros y demostrar que todo es posible cuando caminamos de la mano de Dios.

En Mano Amiga también comprendí el enorme valor de la familia como el pilar de la sociedad y el lugar donde nacen el amor, la responsabilidad y la esperanza. Hoy procuro transmitir esa convicción a cada familia con la que trabajo, porque estoy seguro de que fortalecer a las familias es construir un mejor futuro para todos.

Si alguien me preguntara cuál fue el mayor regalo que recibí de Mano Amiga, respondería sin dudar que fue conocer a Dios. Gracias a esa formación descubrí la fuerza de la oración, la importancia de la fe y la certeza de que nunca estamos solos. Esa relación con Dios me permitió levantarme cuando pensé que no podía más, mantenerme alejado de caminos que habrían puesto en riesgo mi vida y comprender que cada persona tiene la misión de servir a los demás con amor.

Han pasado casi treinta y cinco años desde que egresé del colegio y sigo agradeciendo todo lo que recibí. Recuerdo con cariño las clases, las actividades deportivas como el fútbol y el básquetbol, que me enseñaron disciplina y trabajo en equipo, pero, sobre todo, recuerdo el ejemplo de quienes me formaron.
Si tuviera que elegir una sola anécdota, no hablaría de un momento específico, sino del testimonio de vida de mis maestros, directivos y sacerdotes. Ellos no solo enseñaban con palabras; enseñaban con su forma de vivir, con su trato cercano, con su empatía, con su servicio y con la manera en que enfrentaban cada desafío. Ese ejemplo quedó grabado para siempre en mi corazón y se convirtió en el modelo que hoy intento seguir como educador.

Mirando hacia atrás, comprendo que Mano Amiga no solo cambió mi historia; cambió el rumbo de mi vida. Gracias a esa formación descubrí que servir a los demás es una forma de servir a Dios y que la verdadera educación no solo transforma estudiantes, transforma familias, comunidades y generaciones enteras. Por eso, con profunda gratitud, puedo decir que Mano Amiga siempre será mi segundo hogar y el lugar donde comenzó el sueño de la vida que hoy tengo el privilegio de vivir.

Picture of Mano Amiga

Mano Amiga

¡Ayúdanos a transformar la vida de niños y jóvenes de Mano Amiga!

Padrinos mano amiga