“Ser parte de la comunidad Mano Amiga significa vivir plenamente mi vocación docente desde el servicio y la fe. Como maestra de primaria, mi labor va mucho más allá de enseñar asignaturas; cada día tengo la oportunidad de acompañar, orientar y contribuir a la formación del carácter de mis alumnos, guiándolos a la luz de los valores del Evangelio.
Para mí, Mano Amiga no es solo un colegio, es una gran familia donde alumnos, padres de familia y docentes crecemos juntos, aprendiendo unos de otros y compartiendo una misma misión: formar personas íntegras que transformen su entorno.
A lo largo de estos años he conocido a muchas personas que han dejado una huella profunda en mi vida. Sin embargo, quiero agradecer especialmente a mi coordinadora, quien ha sido un ejemplo de humanidad, comprensión y servicio. Su disposición para escuchar, aconsejar y actuar siempre de acuerdo con los propósitos de Dios ha sido una inspiración constante en mi camino profesional y espiritual.
Uno de los mayores regalos que Mano Amiga me ha dejado es aprender a vivir la templanza. Este valor llegó de una manera muy especial durante un retiro espiritual organizado por el colegio. A través de un sencillo signo, una vela que recibimos durante la experiencia, sentí que Dios me invitaba a hacer de la templanza una guía para mi vida diaria. Desde entonces procuro vivirla con mayor conciencia en mi trabajo, en mi familia y en cada decisión que tomo.
Si tuviera que describir a Mano Amiga en tres palabras serían: hogar, familia y equipo. Aquí se vive una auténtica comunidad donde cada persona es valorada, acompañada y motivada a crecer humana y espiritualmente.
Desde que estudiaba la universidad soñaba con trabajar en Mano Amiga. Cada vez que pasaba frente al colegio imaginaba que algún día formaría parte de esta institución. Ese sueño comenzó a hacerse realidad cuando un maestro me invitó a cubrir el grupo de tercer grado como suplente. Aquella primera experiencia confirmó que éste era el lugar donde quería desarrollar mi vocación docente.
Acompañar a los estudiantes ha sido una de las experiencias más gratificantes de mi vida. Los alumnos de Mano Amiga poseen valores que el mundo necesita con urgencia. Sus palabras, su forma de aprender y sus acciones reflejan una educación basada en el respeto, el servicio y la solidaridad, lo que llena de orgullo a quienes tenemos el privilegio de convivir con ellos.
Entre los momentos que guardo con mayor cariño está la visita de Monseñor Salvador González Morales, quien bendijo a mi grupo y a mí. Fue una experiencia profundamente significativa que me recordó la riqueza de trabajar en una institución donde la fe forma parte de la vida cotidiana y donde podemos sentirnos acompañados por nuestro pastor”.
Trabajar en Mano Amiga también ha transformado mi vida. Gracias a Dios, he conocido personas que me han acercado más a Él a través de convenciones, conferencias y espacios de formación. Muchas de ellas dejaron de ser simples conocidos para convertirse en grandes amigos que enriquecen mi camino personal y profesional.
Además, esta experiencia me ha fortalecido en valores como la disciplina, la constancia y la perseverancia, aprendizajes que hoy se reflejan tanto en mi labor docente como en mi vida familiar. Mano Amiga me ha permitido crecer como educadora y como persona, recordándome que la verdadera enseñanza nace del ejemplo y del amor con el que servimos a los demás.
En Mano Amiga la educación en valores no es solo un discurso, sino una realidad que se vive todos los días. Es un ambiente seguro donde se aprende a ser solidario, honesto y generoso, y donde cada integrante de la comunidad encuentra oportunidades para crecer y dejar huella en la vida de los demás.
Resumo mi experiencia formando parte de esta gran familia con una frase que expresa lo que llevo en el corazón: cuatro años transformando vidas con fe y valores, sumándome cada día a la misión de transformar el mundo desde la educación.
Gracias a la comunidad Mano Amiga por permitirme vivir esta misión con alegría, esperanza y la certeza de que cada pequeño acto de servicio puede cambiar una vida para siempre.”





