Misioneros de Mano Amiga Chalco participan en una misión extraordinaria

Del 4 al 12 de abril de 2020, 94 misioneros extraordinarios de Mano Amiga Chalco evangelizaron en sus hogares ante las medidas de contención por la pandemia del coronavirus.

21 alumnas y 8 exalumnas participaron en Juventud Misionera Femenina; 5 alumnos y 2 exalumnos en Juventud Misionera Masculina; 28 adultos, 18 niños, en total 14 familias en Familia Misionera y 12 miembros del personal del colegio, quienes participaron en los tres grupos.

Haciendo uso de los recursos tecnológicos, como internet y televisión, se mantuvieron en contacto todos los misioneros en oraciones de la mañana, reflexión del Evangelio, Ángelus y celebraciones propias de esos días. Mantuvieron contacto con el Padre Marcos Aragón, párroco de San Marcos Huixtoco (uno de los destinos de misiones), externándole la intercesión por su comunidad y felicitándolo el Jueves Santo por su sacerdocio; en el Viacrucis del Viernes Santo se dejaron guiar por su capellán, el P. Jesús Ángel López, L.C. Todas las actividades se realizaron desde sus casas, siguiendo las disposiciones de las autoridades.

Con espíritu de servicio, pero inquietos por transmitir la Buena Noticia de la Salvación de nuestro Señor Jesucristo bajo cualquier circunstancia y superando todo obstáculo, los misioneros usaron los medios tecnológicos para permanecer en comunión entre todos, unidos en oración para evangelizar a sus familias y crecer en su fe.

Estas misiones fueron muy enriquecedoras, sobre todo ante la oportunidad de acercar a las familias a la Iglesia y al encuentro con Cristo, además de encontrar en su fe, razones para darle sentido al sufrimiento en el mundo por la enfermedad y la muerte, por la experiencia de la resurrección de Jesucristo.

A continuación presentamos testimonios de algunos misioneros:

“Cuando se empezó a trabajar en la campaña ‘Misionero Extraordinario’, me pareció una idea increíble y única. Realmente fueron unas misiones extraordinarias. Muchas veces pensamos que estamos ayudando a las personas de afuera, en las pequeñas comunidades o en las parroquias que visitamos en Semana Santa, pero no nos damos cuenta que, dentro de nuestra familia, dentro de nosotros mismos es donde debe iniciar la misión. Estando aquí, dentro de casa, pude percibir que misionar no sólo significa ponerte la playera, usar el paliacate e ir a tocar puerta a puerta. También significa esperar con paciencia y humildad que Jesús toque la puerta de nuestro corazón.

Nos es fácil ver a Jesús en los más necesitados, en ese ancianito que vive en lo más alejado del pueblo, en esos niños que juegan en la calle sin nadie que los cuide. No nos damos la oportunidad de verlo en las personas con las que convivimos día tras día, en nuestra familia.

Mi experiencia esta semana santa fue distinta al resto. Es claro que no fue posible salir a las calles y ni siquiera a la parroquia. Pero, sin duda fue una semana de mucho compromiso y fuerza de voluntad; porque claro, a quién no le iba a costar trabajo mantenerse en oración en casa donde encontramos miles de distracciones. Fue un reto, no lo voy a negar; pero, sin duda, me ayudó a darme cuenta de que no importa dónde me encuentre, en la iglesia más grande o en el silencio de mi habitación: Dios va a estar ahí y me va a escuchar; solo basta no perder la fe y abrir mi corazón para escuchar lo que Él quiere de mí.

Las cosas pasan por algo y no es cosa del destino. Es Dios que tiene un plan perfecto para nosotros. Y si Él quiso que estuviéramos misionando desde nuestros hogares, fue porque así tenía que ser.

Agradezco a Dios por la maravillosa experiencia que me dio. Por recordarme que las cosas más especiales las podemos encontrar en lo más simple. En la acción más sencilla y fácil que podamos imaginar. Dios está en todo lo que nos rodea. La misión continúa y ahora más que nunca debemos estar unidos a Dios, manteniendo ese espíritu joven vivo y esa inmensa alegría por seguir el camino de Jesús”, Adriana Salinas Sarabia, 2° bachillerato Mano Amiga Chalco, Juventud Misionera Femenil.

“Mi nombre es Ángeles Bajonero, soy exalumna del colegio. Actualmente estoy estudiando la carrera de Ingeniería Civil en el Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Estas misiones para mí fueron únicas, porque cambiaron muchas cosas: el pueblo por nuestra casa, la familia más lejana por nuestra familia; pero el propósito era el mismo y un poco más complicado. ¿Cuándo nos íbamos a imaginar que estaríamos misionando en nuestra propia casa? Acercando a nuestros familiares y nosotros mismos a Dios, me di cuenta que un misionero no es quieto, que necesita salir y dar a conocer a Cristo, que cuando el misionero esté caminando por las calles la gente vea la alegría que lleva, que la gente vea que ser feliz con él es posible y que animan a seguir ese llamado que Jesús nos da.

Sentí entusiasmo de estar con Dios, lo vi en mi familia al participar en todos los oficios, aunque sea por las redes, de gritar en todo rincón ¡VIVA CRISTO REY! Y se hizo de una manera extraordinaria. Puedo decir que fue el mejor año de misiones, porque te das cuenta que en verdad lo haces por amor a él, que no es costumbre, porque tienes hambre de Dios, que amas lo que haces y que, si dices sí a los planes de Dios, serás el más feliz de todos”.

“Mi experiencia en esta Semana Santa fue muy diferente a todos los años de mi vida, pero al mismo tiempo muy bonita, ya que pude realizar cosas que se hacen en la Misión con mi familia, como el rosario diario, el viacrucis y participar en misa por televisión. A mi parecer, esto nos unió en oración como familia, tanto mi familia nuclear como con unos tíos que viven junto con nosotros. Y con estas acciones pudimos evangelizar con lo que Dios dice y a través del canto: que Dios no nos abandona y qué con fe y oración, juntos podemos ayudar en esta pandemia” comentó Diego de Jesús Ocampo, misionero.

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